Izcalli Fest

Izcalli Fest

Noté que la revisión no era normal, no tienen  porque tocarme los senos de esa manera y no deberían   tocarme las nalgas con toda la palma de la mano. Camino unos paso, salgo de las  vallas rojas que dan acceso al concierto, a mi espalda solo escucho las risas de las policías municipales de Cuautitlán Izcalli. A las policías con cortes de pelo masculino y cuerpos toscos y de huesos anchos les comisionaron la custodia de la entrada al Izcalli Fest, más no les comisionaron el puesto de “tocadoras” de culos oficiales, expresando así su sexualidad desbordada.

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El espacio asignado para el concierto aun luce vacío, el sonido no encuentra paredes donde rebotar, el eco se extiende y se pierde en el campo semivacío. El sol de la tarde desapareció entre los puesto de micheladas y cigarros regenteados por el municipio. La amenaza de lluvia siempre estuvo presente, la amenaza de que la gente apareciera a raudales, esa pronto se esfumó.

La people de Izcalli, la gente que prefiere gastar su tiempo en Polanco o la Condesa, no asistieron, prefirieron una vez más quejarse amargamente de la delincuencia en su municipio, prefirieron quejarse de los baches que inundan la calle, prefirieron  quejarse amargamente de la orfandad en la que se encuentra el municipio. No quisieron mentarle la madre en su cara a Karim Carvallo cuando interrumpió la presentación de Sonido San Francisco para atribuirle a su partido y a su gestión política, los beneficios ficticios en los que están trabajando. No quisieron estar presentes, no quisieron aprovechar la oportunidad para dejar un momento sus lamentos virtuales y llevarlos a la realidad.

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Y vuela libre, a donde tu mente lo pide .

Los dos días siguientes la tónica fue la misma,  una simulación de festival. Los únicos dos actos atiborrados de gente fueron las presentaciones de DLD y Los Daniels. Los bomberos estuvieron muy contentos rociando a la multitud que cantaba al amor y al desamor, el agua de riñón me roció el hombro, no alcancé a tocar la pelotas coca-cola con las que todo mundo jugó. Hubo dos presentaciones  donde nuestra orfandad como sociedad estuvo sosegada por los grupos consentidos de la multitud, hubo dos actos donde instituciones gubernamentales, parafernalia y  pueblo se unieron para cantar… Vuela libre.

Nuestra historia contemporánea se encuentra marcada por la aversión de las instituciones gubernamentales hacia los movimientos juveniles que involucren melenas largas, chamarras de piel, jeans ajustados y discursos utópicos que nos hagan creer en una nación donde los de abajo, dejen de ser los abajo y los que gobiernan desde la cúpula más alta se vayan a la mierda.

Las cuerdas que manejan el orden se han suavizado, han comenzado a ser holgadas por una razón;  el discurso de rock & roll ha cambiado. Es normal que las generaciones sean regidas por diferentes ideologías y carencias. La carencia de esta generación radica en que solo se la han pasado llorando por el amor, no lo buscan, no lo ejercen, lo lloran. De eso trata el discurso actual de rock & roll, discurso que no incomoda a nadie. Para las personas que rigen nuestra vidas, el amor dejo de ser peligroso, se volvió un  discurso  moldeable,  nadie asusta las lágrimas de cocodrilo o el amor que se disolvió.