En el relato anterior,  narre detenidamente los detalles de  como poco a poco nos fuimos acercando.  Continuemos…

Un día que la casa se quedó  sola,  decidí invitarla.  Decidí que era un buen momento para fumar mota,relajarme y esperar. Cuando el efecto del humo  comenzó a fluir por mi cuerpo y por la habitación,  las dos estábamos sentadas en la cama besándonos, la conexión entre nuestros labios era muy fuerte, pronto mi saliva comenzó a hacerse muy líquida y mis piernas comenzaron a temblar, aunque anteriormente ya había besado a mujeres sabía que esta vez era diferente.

Estando entre sus brazos, sus manos, delgadas y de piel más suave,  comenzaron a tocar mis senos, maldita sea, no hubiera hecho eso, es de mis partes más erógenas, después metió las manos bajo la blusa y fue aún mejor. Una vez que crucé la línea no hubo retorno , lo mejor fue  ya no tener la blusa puesta, así entre besos y tocadas de senos, mi saliva ya no era la única que estaba líquida.

Después de un par de preguntas – ¿Te puedo quitar la blusa? ¿Te puedo quitar el pantalón? –me encontré desnuda sobre mi cama. La  frase “voy a entrar” dilató mis pupilas, mi pequeño estaba duro, rojo y demasiado erecto, la estimulación, el ritmo y la velocidad se mezclaron de manera acertada ,  la combinación de tocar directamente el punto G con el monte de venus fue demasiado loco.

No pasaron más de 5 minutos cuando la explosión se hizo presente, debo confesarlo, fue uno de los mejores orgasmos que he tenido, fuerte, intenso y uno de los más extraño, luego de perderme y disfrutarlo comencé a llorar, sí, leíste bien, lloré de puro placer, las lágrimas me salieron como a un niño de 5 años cuando le quitas su caramelo, el placer fue tan intenso que tuve que pedir que se detuviera.

Fue muy raro, la sensación me duró casi todo el día y mis labios rojos parecían que iban a explotar, yo también estaba muy sorprendida, nunca me había venido tanto. Fue cuando ella salió de mí tuve y tuve que ponerme en posición fetal y ahí estaba yo, de regreso  por un momento al núcleo. Desconcertada le pedí 5 minutos para estabilizarme, fue como estar en blanco, ausente y un poco desconcertada.

Con las pocas fuerzas que en ese momento me quedaron  intenté vestirme e ir al baño a dejar que el líquido de mi cuerpo terminara por salir , lo cual fue demasiado placentero. Lo malo de  terminar a chorros y entre fluidos,  es  tener que quitar la ropa de cama y lavarla, eso solo  sino deseas que tus visitas crean que te gusta practicar la lluvia dorada o como dicen los más exquistos, la  “Golden shower”.

Parece que mi aventura lésbica termina aquí, entre fluidos, lágrimas y lluvia dorada, pero no es así, las historias nunca terminan con finales líquidos y felices. Estuve con ella una segunda ocasión, mi borrachera total  influyó a tal grado, que terminó por cambiar el rumbo de la historia, ¿Quiéres saber cómo fue?, pues léeme la próxima semana y tendrás detalles.

 

Para saber como es que esta historia comienza, da clic aquí y sigue las historias de drama y fluidos de Golosa 69