TULTEPEC, ESTADO DE MÉXICO.- Tultepec es un municipio donde gente nace unida, amalgamada habitante con habitante, donde las tradiciones se pegan a los huesos desde que nacen, crecen y perecen en su misma tierra. Existe ese lugar, un espacio de tierra donde los pobladores saben que están hechos de música y pólvora. Generaciones pasadas han dejado el legado de iluminar el cielo, imitar el trueno y atribuirle colores y texturas que se diluyen en el cielo, han dejado el legado de musicalizar las festividades, lo cotidiano, la vida y la muerte.

Desde disfrazarse de la manera más ridícula y hacer una pasarela frente a cientos de tultepecas, solo para divertir; hasta desfilar tocando un instrumento, detrás de un cuerpo encerrado en su ataúd, acompañándolo hasta su última “fiesta”. La Música que Acompaña al Difunto es la tradición que le da un concepto diferente a la música, esa que te acompaña hasta el panteón.

Yo quiero música en mi funeral, pero ¿de qué se trata?

Una tradición que empezó hace más de 100 años, una especie de fiesta. No es que estemos esperando la muerte de alguien para tirar la casa por la ventana. Es eso nomás, una tradición que no se sabe con exactitud cuando nació.

Juventino Fiesco Barreiro es un músico de oído, no tiene los conocimientos de una escuela, si no los que le heredo su padre, quien si fue un músico de profesión. Es músico muertero por seguir una tradición del pueblo donde nació y otra razón por la cual sigue tocando para un muerto, – al fin y al cabo es trabajo-.

Miércoles por la mañana y Juventino ya estaba muy despierto, esperando a que sus hijos salieran de la escuela para abrirle la puerta de su casa. Nos recibió y nos invitó a pasar hasta su sala, ahí realizamos la entrevista. Nos rodeamos de un ambiente cálido y acogedor, sentados en unos viejos pero muy cómodos sillones de color marrón. Escuchamos maravillosas, entretenidas, divertidas e interesantes anecdotas que ha vivido Fiesco a lo largo de su trayectoria.

-Una banda puede estar conformada por cinco músicos (ya sea de profesión o simplemente por convicción) hasta llegar a 20 integrantes o más. En su mayoría las bandas están integradas por instrumentos de viento, algunas veces partes de batería como el bombo, la tarola y los platillos. Se presentan a tocar en la casa del difunto, se tocan por lo regular cuatro piezas, mientras los familiares se despiden. El difundo es llevado a su misa a la iglesia, la banda va detrás de él tocando unas melodías más. Ya terminada la misa, se acompaña al difunto al panteón, se sigue tocando hasta el entierro, en el momento específico cuando el ataúd comienza a enterrarse “Las Golondrinas” se hace presentes para despedir el cuerpo. En total se tocan hasta 20 piezas por funeral. Algunas veces, la pirotecnia se hace presente y detrás del muerto también desfila la pólvora, se avientan cuetones-.

¿Qué hay con los Músicos Muerteros y qué es hoy esta tradición?

Músicos Muerteros o Bandas Muerteras es el nombre que vulgarmente le han dado los fuereños. Un apodo que no a muchos practicantes les agrada, pues sienten que denigramos su trabajo, sienten que los ofendemos. Muchos de ellos estudian o estudiaron música como profesión y no se han matado estudiando para ser el músico que acompaña al muerto hasta su entierro.

Juventino Fiesco: Anteriormente un difunto de menos de 18 años, se tenía la creencia de que era un ángel, un alma blanca, un alma pura; se tocaba música de alegría: valses, boleros, marchas. Con el adulto se tocaban marchas fúnebres y eso ya se ha deformado. Se fue perdiendo porque la gente foránea se acopló con la cultura de aquí y se empezó a mezclar, nos contrataban y les preguntábamos -¿qué música tocamos?- y nos decían, por ejemplo, -pues yo soy de Michoacán, tócame “Caminos de Michoacán”- a partir de ahí se fue perdiendo esa tradición de tocar música fúnebre.

Alonso Silva: Por lo regular la música es fúnebre. También depende de lo que le guste al difunto, uno le pregunta -¿qué quieren que toquemos?- unos dicen danzones, otros bandas, sinaloense o fúnebres, lo que nos digan sus familiares. Ya al final cuando se están enterrando se tocan “Las Golondrinas”. Al menos, “Las Golondrinas” se han mantenido al pie de la tradición, es la única pieza que se sigue tocando sin pedirla, en el momento preciso y a la hora correcta.

Encontrarnos con Antonio Silva fue una cagada. Estábamos afuera de la catedral de Tultepec esperando que algún habitante nos indicará donde queda el panteón, fue ahí cuando lo vimos parado, recargado en la pared sosteniendo su saxofón.

José Alonso Silva Sánchez, un músico de escuela, con estudios que aún no han concluido. Al quien no le afecta llamarse músico muertero, -así es como se conoce- es una de las ramas donde desempeña su trabajo. Con tan solo 3 años de estudios en la Escuela Nacional de Música, ha logrado dirigir una sinfónica; le faltan 4 años para concluir su carrera y pensamos que para aquel año, será un monstruo de la música. Silva vive las tradiciones tultepecas como si fuera un principiante.

Y como es de esperarse, en el argot de la música muertera, también existe un vocabulario clave…

“Caimán“: Es la persona encargada de arreglar el “hueso”

“Hueso”: Es la tocada

“Gatos”: Músicos muerteros

“El chinguere”: El chupe

“El Zapato está Tizayuca”: Zapato – Sueldo, Tizayuca – Corto. El sueldo está corto o es poco.

“Haz b-mol”: Haz “apartadito” de la comida que te dan. Sería algo así como el conocidísimo itacate.

Mover las manos como si fueran alas, significa que es momento de tocar “Las Golondrinas”

Dentro de las claves que se manejan entre los músicos que despiden a un difunto, también existe una serie de silbidos. Existen diferentes formas de silbar: el ritmo y el tiempo es lo que distingue a una banda del resto. Cada uno de ellas tiene su silbido característico.

La Música que Acompaña al Difunto, es una tradición que sigue vigente en el municipio de Tultepec, a lo largo de sus más de 100 años de vida, ha sufrido deformaciones, pero “esta fiesta” sigue muy presente.

Por desgracia, es una tradición que no es muy bien pagada. Normalmente se les paga $150 por músico, aunque lo que más llegan a ofrecer son $200 por músico. El pago incluye 4 horas de trabajo y de 10 a 20 canciones, no les dan de comer ni de beber, solo lo que les llegan a ofrecer en el funeral -café, galletas y/o pan-.

Tuvimos la fortuna de presenciar el recorrido de un funeral, avanzaban de la avenida que da a la catedral hasta la entrada a la iglesia. Desfilan primero las personas que sostienen las grandes coronas de flores; enseguida los familiares; después viene el ataúd que esta siendo cargado por hombres, posterior vienen más familiares, amigos, conocidos o colados; hasta atrás vienen los músicos muerteros amenizando el recorrido. ¿La actitud de los presentes? Nada que ver con la de un funeral, en realidad son casi nulas las expresiones de dolor y las vestimentas negras a las que estamos acostumbrado; la gente entra y sale a la iglesia como si nada estuviera dentro de esa caja de muerto, platican entre ellos y siguen su camino hasta el panteón. El duelo tal vez sea más fuerte por la cruda del día siguiente, por tremenda fiesta que le rinden al muerto.

Es curiosa la manera de como la música se presenta hasta en los peores momentos, increíble también, el encontrar el momento preciso de combinar el arte con una tragedia y hacer de ello una tradición. Es algo que caracteriza al municipio de Tultepec, pues después de tantos años de existencia, hoy sige vigente, es algo de admirar -a pesar de sus deformaciones-. También es la alegría y el orgullo con el que habla cada tultepeca acerca de esta costumbre, es una experiencia diferente, inigualable.