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Los fallos en un festival nunca faltan y como era de esperarse, en el Ajusco hubieron muchos. Los horarios se cambiaron y todo se atrasó hasta 2 horas o más; se prometieron 3 escenarios, cuando solo hubieron 2, lo cual también causó atraso en los , pues las bandas del escenario faltantes se fueron alternando entre el escenario Principal y el escenario Ajusco. Pero la mala organización no arruinó ni un poquito las ganas de bailar y de pasarla buena onda de cada uno de los asistentes, y tampoco arruinó las excelentes vibras que derrochaban las propuestas que el Festival Ajusco nos presentó este año.

Sábado 15 de Noviembre.- Eran aproximadamente las 3 de la tarde cuando 89: Decibeles comenzó la fiesta en el Festival Ajusco. No fue una de mis bandas favoritas, en realidad  se nota la poca experiencia y el largo camino que aun tienen por recorrer; pero eso sí, agradezco toda la fuerza y energía que regalaron a los pocos y muy puntales espectadores.

Ya en el escenario principal sonaba Elipses, una banda que esperarías que sonaran  a rock urbano del bueno, pero  no, eso no sucedió. De UT escuché poco y tampoco me atraparon; en ese momento empecé a creer que las propuestas de este año quizá no serían  tan prometedoras como la mayoría lo esperábamos. Aunque este solo era el principio de un largo día de música, la noche aguardaba música de una manufactura que haría que me comiera mis palabras una a una.

De repente un monstruo asqueroso rugía desde el interior de mis intestinos; así que me fui hacia la zona de food truck con la que contó el festival. Luego de aplacar mi hambre regrese cuando Caimán sonaba en el escenario Ajusco  -¿cómo sonamos?– me preguntó Israel (baterista de Caimán), ya estando abajo del escenario -súper bien- le contesté, fue la primer banda que conquistó mis oídos; es un sonido simple pero rico, sencillo como cada uno de sus integrantes.

En el escenario Principal ya sonaba la banda más bizarra del primer día del Festival Ajusco; The Dragulas, una propuesta que tiene un concepto rarísimo y súper difícil de entender; frases de reflexión, covers poperos y disfraces que en conjunto cuentan historias, estos güeyes son el show completo. Después de los “raritos” subió Sedutwo, un dueto que no me entretuvo mucho, pero que escuche con atención.

Al mismo tiempo pero en el otro escenario ya sonaban líricas en contra de la opresión, la justicia y el maltrato, esto a cargo de Coctel Intergaláctico, quienes hicieron levantar la mano de los asistentes al ritmo de su música. Le cedieron el escenario a Manhattan, una banda que te atrapa con su rock-pop tradicional pero que trae la chispa correcta que entra por tus oídos y deleita hasta tu paladar.

Llegó el momento de ver a una banda que es lo más ecléctica en su alineación,  Los Malkriados,  con un baterista rastudo, un don cumbianchero en el bajo, dos morrillos casuales en el sinte/teclado y en la guitarra y un güey con lentes que parecía un romántico de la música; este quinteto llegó con una mezcla de ritmos latinos que hicieron sacudir a todos los asistentes hasta olvidar el frío.

Después de un respiro, regresé a mi chamba y vi un rato la propuesta de Peludo, quienes traen buen material, fresco y rico. En el otro escenario ya sonaban Azul Karmín, estaban bien abrigados porque venían desde Tampico y en el Ajusco el frío si calaba; lo que me encantó fue el cabrón de los sintes que bailaba poca madre, bueno, en general tocaban sonaban muy bien. Me moví al escenario principal para presenciar el mejor primer acto del primer día del Festival; Mexican Juligans, cuatro cabrones que traen el mero fiestón, tocan ese  ritmo sabrosón que te hace sacudir las nalgas; los habíamos visto horas antes haciéndole propaganda al mezcal con un megáfono, pero arriba del escenario TODO el festival los fumó, a ellos y a toda la orgía de “shangos” que montaron en el escenario.

Cuando la horchata de “shangos” terminó  me fui a ver a Dolbie Mix al escenario Ajusco, unos chavos rucos que se les nota la experiencia musical, nada del otro mundo, pero sonó bien. Me quedé a esperar a Folks y la neta es que la fachita de tetos que se cargan no tiene nada que ver con toda la fuerza que tienen sus guitarra, su bajo, batería y voz.

Me di mi último respiro y regresé al principal, María Robot ya se había enamorado a todos los morros que tiraban baba a lo pendejo y la neta es que su onda mística-sensual se lleva de huevos con las luces y también con la música; si me gustaron.

Llegó el momento más ogete de la noche. Arlequín  sonaban  desde el escenario Ajusco. Utilizaron  tres velas que hicieron tétrico el escenario y lo transformaron en una especie de parodia de secta satánica; ellos no terminaron, los cortaron y se me hizo una pasadez de chorizo. A Los Muertos les hicieron lo mismo en el escenario Principal y el vocalista expresó su molestia tirándole mucha mierda al Abulón y a Los Abominables en general. Esto fue después de ver a Los Joins, cinco morros que traen la buena vibra en su máximo esplendor, además de una onda western-beatlera bien padre.

Después de presenciar la patada en los huevos que le dieron a Los Muertos, regresé en putiza loca al escenario Ajusco para ver a una de las bandas consentidas de Revolta; San Louis y solo tengo tres palabras para describir su acto: PASADOS DE LANZA, sin duda alguna no es lo mismo verlos en su faceta romanticona cuando colaboraron con nosotros para un sesión en acústico, que verlos enérgicos con guitarras eléctricas, dejando su alma arriba del escenario. El segundo, pero no menos importante, mejor momento del Festival.

Para aquellas altas horas de la noche ya no sentía los dedos ni de las manos ni de los pies, así que me fui a sentar un rato con la intensión de calentarme un poco. Desde ahí miré a Tragaluz y mi dedo sigue en el renglón, ese ritmo que a momento es lento pero suculento y a veces es rápido y delicioso, sonó de huevos. Desde ahí vi también a La Banderville y a pesar de los malos comentarios que escuche de esa presentación en específico, m quedo con lo opuesto, pulgar arriba para la Banderville.

Festival Ajusco, es un evento que se realiza cada año en donde se reúnen las prendas más abrigadoras (Chamarras, jorongos, bufandas, gorros)  y  los güeyes más barbudos del mundo de la música underground, además de juntar gente entusiasta de la música y enamorada de ella,  que pretende  innovar y ofrecer un festival digno  para los espectadores y los músicos.   Si me preguntan si la edición cumplió con mis expectativas, tendría que responder que sí, que aunque mejoro en todos los aspectos, aun queda una larga verededa por caminar. Nos vemos en el 2015.

Texto: Jaqueline Mendieta
Fotos: Gabriel Mendieta
Anais Martínez
Xiadani Mendieta
Jaqueline Mendieta