Las ideas más estúpidas empiezan a caer, tu te mojas como si te cayera una lluvia muy tupida desde el cielo, te caen encima de todo el cuerpo y te empapas de textos sin sentidos, de lo que está moviendo a la gente de lo que todos están hablando. La estúpida lluvia de ideas no busca caer bien, solo quiere hacerte entender que no está mal opinar incluso de lo más estúpida con la opinión más estúpida… -un ejemplo es este texto- pero tú lo estás leyendo y de eso s trata; más o menos.

Con el paso del tiempo es común pensar que uno madura, o al menos es lo que nos han hecho creer.  Pensamos que conforme crecemos nuestros gustos se van…¿refinando? o ¿evolucionando?: Nada es más falso que esas aseveraciones. Y para demostrarlo les contaré lo estúpido que uno se vuelve cuando los recuerdos se materializan.

Tuve la oportunidad de entrevista a una de las bandas locales ,que hace algunos ayeres, fue mi banda preferida.  El resultado: Asqueroso.  No tenía experiencia alguna entrevistando,  era obvio que al verlos mis piernitas se doblaran y mi voz con problemas  se escucharía y obvio, parecía una tabla. Aquella vez estuve a punto de verlos por primera vez, después de 7 años de conocerlos, pero por excusas pendejas nos negaron la entrada como prensa y ¡me la pelé! Desde ahí les volví a seguir el paso.

Este fin de semana, resultó ser una experiencia bastante conmovedora. Después de 7 años de conocer a una banda logré verla por primera vez en vivo. El proyecto por el cual escribo esto  no es de esas bandas que con el paso de los años crecieron y se consagraron como una de las grandes bandas en México, creo que sucedió al revés; crecieron, siguieron, siguieron, siguieron, se estancaron, la olvidamos, renacieron y pues están de regreso. El gran concierto se llevó acabo en un billar local, un recinto céntrico donde uno va para pagar poco, tomar mucho y atenerse a las consecuencias. Los asistentes, contando al barman, meseros y garrotero ( ¿A quién se le ocurrió el nombre para ese puesto) fueron alrededor de 30 personas, pero eso sí, todos extasiados de tan increíble e íntima velada que compartimos.

Fue una tocada como mandan los cánones de bar de barrio y que busca el negocio, como hoy y como en los viejos tiempos, con un cartel de bandas inmenso y que sólo las conocen su familiares. Fue tediosa, larga y  hermosa a la vez. Recordar aquellas tardes/noches de rock en el “Xotica”, en el “Teocalli”, bares desaparecidos de mi barrio que se esfumaron con mi adolecencia.  La parte  más rescatable de reencontrarte con ciertos gustos olvidados, son esas viejas amistades, que fueron buscando las mismas emociones y que es seguro que tuvieron que atravesar por el mismo estado de felicidad y sentimentalismo barato. Esta banda me acompañó antes, durante y después de bellos, alcoholizados y pubertos momentos.

En fin, tal vez no entiendes de qué carajos estoy hablando. Para que me entiendas un poco mejor,  se siente igual que cuando lees un buen libro que te traslada al lugar y la fecha de los acontecimientos , y no solo eso; esa historia que estas leyendo te pone los vellos chinitos, chinitos, te pone la piel de gallina. También es como abrir ese álbum de fotos que nunca has querido mostrar, que te remonta a la playa con tu salvavidas y tu traje de algún personaje de Disney, agarrado de la mano de tu papá o mamá.

Algo más o menos así sentí al ver a Aurum por primera vez, después de conocerlos desde hace 7 años. Y como lo dije antes, no es una gran banda y tal vez muchos conozcan poco de ellos o simplemente no les gusta. Lo cool fue, todo ese puñado de recuerdos que subieron al escenario junto con ellos y los cuales me restregaron en la cara  desde la primera canción que tocaron, porque ni siquiera fue su mejor presentación -iban crudísimos a demás de que su repertorio estuvo incompleto-; pero eso, ir acompañada con viejas amistadas y  toparme con gente de aquellos tiempos, también, ¡fue “tan simple tan especial”!