Digámoslo así, es viernes, sábado o domingo casual, o tal vez no tan casual, tal vez te invitaron a una fiesta o a beber en un bar. Tus amigos te convencen para ir y pues nada, ahí estás echando el drink, entonándote, intercambiando carcajadas, cantando y haciendo -tal vez- el oso, cuando de repente el pinchi alcohol empieza hacer efecto y es ahí donde la puerca tuerce el rabo, o para decirlo más crudamente, algo ahí abajo te comienza a cosquillear.

Comienzas a buscar con quién conectar, con quién intercambiar una mirada, comienza el escrutinio ligador de un buen prospecto -según tú- , ya sabes, para no quemarte mucho. Cabe aclarar que si estás bajo el efecto del alcohol, olvídalo, todo mundo sabe que el alcohol adormece el cerebro y te inhibe el poco sentido común que te sobra. Después de cruzar miraditas comprometedoras, se acercan el uno al otro e intercambian información que por el momento es bastante volátil: saber su nombre, su edad, qué le gusta o a qué se dedica son datos absurdos si lo que te importa es coger.

Después del breve coqueteo y la aceptación, lo bueno poco a poco se aproxima en forma de bulto debajo del pantalón. Una vez que las cosas están claras, el primer paso para que comience el juego: buscar un lugar se convierte en lo elemental.  Lo ideal sería hacerlo en el baño (si de plano está hecho una reverenda berracada busca otra opción) así no tendrás que salir del lugar, puedes tener lo que buscas, lavarte las manos y la boca para después regresar ya bien despachad@ a seguir disfrutando de la noche.

Existen muchas opciones cuando de buscar un nido de sexo pasajero se trata. Puedes irte a otro lugar como el automóvil,  debajo de puente, detrás de los arbustos, algún callejón, o total, ir a su casa o esconderlo en tu cuarto mientras tus papás duermen. Debes de estar bien consiente de que te vas con un extraño y corres el riesgo de sufrir algún “percance” como que sea un loco, golpeador o alguna mamada extraña. Aquí me gusta incluir el viejo refrán que me decía mi abuela todo el tiempo, “Más vale loco conocido, que loco por conocer”, así evitarás llevarte sorpresas y malos entendidos.

Pedo pero no pendejo.

Si ya decidiste experimentar toda clase de cuerpos nocturnos, tienes que pensar algunos detalles para cuidar de tu integridad y seguridad.

1-No importa que tu “prospecto” tenga una cara angelical, avísale a alguien  dónde y con quién te vas (Obvio no le digas que vas a coger detrás de un arbusto o a un callejón).

2-Por los clavos de Jisus, ¡un pinche condón!… no existe más que decir.

3-No seas pendej@, si te duele o no te gusta ¡dilo! No eres la perra de nadie.

4-Lo que pasa en “Las Vegas” se queda en Las Vegas. En este punto agrega el nombre de tu localidad y el enunciado tomará sentido.

5-No seas clavel, es sexo, no “Doce corazones”.

6-Sé que suena exagerado, pero carga con tu gel anti-bacterial, uno nunca sabe donde estuvieron las manos de nuestro acompañante.

7-No te arriesgues a practicarle sexo oral, y menos si traes cortaditas o fogasos en la boca.

8-Evita dar el “kalimbaso”.

9-Si no quieres quemarte, evita los videítos y/o fotos.

10– Si te llega un olorsito feo o sientes alguna protuberancia o “relieve” mejor aborta misión.

Éstos son los 10 consejos  del libro de supervivencia que no debes de olvidar, te servirán si es que rozarte, frotarte y tener sexo con un desconocido que te atrae. Según mi experiencia al menos alguna vez en tu vida deberías experimentar el sexo casual, pero mucho ojo con quién te metes. Aquí lo que vale mutuo y personal, no hagas nada bajo presión, si no te sientes cómodo, pues no se arma el bisne y ya. Como siempre les deseamos mucha suerte, esperamos sus comentarios, sugerencias, quejas o proposiciones indecorosas.