marturba

A lo largo de mi vida he tenido que “lidiar” con entrepiernas manchadas de fluidos, movimientos pélvicos involuntarios, pezones duros y un sin fin de cosas que me han elevado al cielo de los orgasmos.

En un inicio fue difícil, he de confesarlo; encontrarlo sublime exige preparación y conocimiento.

Al principio de mi vida sexual donde cualquier distracción de nuestros padres era aprovechada para parchar como conejos, pensé que con un simple mete – saca, o penetración (llámenla como ustedes gusten) llegaría a ese lugar reservado para escapar de este plano terrenal por 5 segundos. Mis ilusiones se rompieron cuando me di cuenta que no era así de sencillo.  Si has visto la película Ninfomanía, donde la trama es coger, coger coger y si… coger pero no se llega a la culminación, así que uno tiene que empezar a recorrer los caminos de la vida –y del cuerpo- para poder disfrutar este placer terrenal.

En México, la vida sexual se inicia a la 15 años –ya lo sé, todos somos unos *pinshis precoces-, lo malo de esta situación es que no tenemos una conciencia abierta acerca de nuestro cuerpo, es decir, nuestra sexualidad apenas está despertando y nosotros ya nos estamos atascamos bien recio poniéndole con medio Conalep, pero tener sexo a una edad temprana no es el dilema, lo malo es que como mujer es difícil llegar a un orgasmo, ya que, por lo regular, cuando el hombre termina, el sexo también culmina, sin mencionar otros tabúes.

Pero no debemos desanimarnos, todo es cuestión de conocer nuestro cuerpo y poner a chambear ese órgano sexual eréctil que es para un solo uso: placer. Hablo del monte de Venus, de la campana, del botón, del clítoris; de esa bendición con la que fuimos dotados. Ese cuerpo eréctil y cavernoso que hemos desaprovechado.

La magia de todo este asunto es desarrollar la habilidad de tener orgasmos, de tocar el cielo y sentir cómo una fuerza nos recorre, de ser por un momento ajenos y en complicidad sólo con nosotros, entrar en una conexión a veces corporal,  y otras veces espiritual. El corazón recibe más sangre y todo mejora.

Hace algunos años, haya por mi pubertad, cuando comencé a disfrutar los placeres de la vida, entre los cuales incluí tener sexo, todo me pareció muy extraño. La razón de mi poca información y desconocimiento es que mis padres nunca me hablaron de cómo hacerlo,- no propongo que le enseñen el kamasutra a sus vástagos, pero tampoco que los dejen en la edad media – ante lo cual uno tenía que experimentar por su propia cuenta. Ver a escondidas programas sobre sexo o leer revistas con artículos para adultos, eso, amigos, es la vieja escuela (recuerden que antes play boy, paradero 69 o tu mejor maestra no estaban a un click de distancia) . Aunque en mi casa nunca se tocó el tema acerca del clítoris y el placer, tampoco se hizo en la escuela.

Así pasaron los años -como 4 ó 5- en los que el mete -saca era lo que había. Al no poder llegar al orgasmo llegué a pensar que era frígida, o como dice Juan Gabriel “No había nacido para amar o nadie había nacido para mí”.

Mi psicodelico primer orgasmo.

Un día recreativo y normal, bajo el efecto del LSD, decidí tocarme, sí, “tocarme ahí”; el ácido ayudó a relajar todo- cuerpo y conciencia- , a conectarlo, a confiar en uno mismo. Así mis dedos mojados en saliva comenzaron a hacer círculos en el mismo sentido de las manecillas del reloj, después arriba y abajo, mi cuerpo recostado sobre la cama comenzaba a ponerse nervioso, mi piernas como en posición de parto ayudaban al movimiento de la cadera, de un momento a otro las nalgas comenzaban a hacer pequeños apretoncillos que desembocaban en la vagina un tipo de contracciones internas. Con los ojos en blanco dejé que toda la presión siguiera su curso, así mi cuerpo entró en un colapso  de terminaciones nerviosas. El clítoris, ya del tamaño de una nuez parecía gritar, explotar, escupir; algo se conectaba a la fuente, fue como morir por un par de segundos, así hasta que la sangre regresó a su lugar.

Me enorgullecí en dejar la cama bien mojada como si me hubiera hecho pipi. Las ganas de saber qué demonios había pasado me hicieron leer mucho sobre sexo y el clítoris, en libros y páginas web, bien informada ya podía combinar más cosas, como posiciones, #4:20, o motivantes gráficos. Es aprender a hacer el amor con uno mismo o en otras palabras “fuck yourself”.

Es indispensable conocernos, para que cuando estemos teniendo sexo, éste pueda ser más placentero, además de saber dónde tocar o a qué ritmo hacerlo.

Éstas son 7 técnicas para tirar el caldo:

  • Encuentra el punto. Masajea el clítoris primero del lado derecho y luego del lado izquierdo, para que descubras cual es la zona más erógena.
  • Ponte duros los pezones. Se puede empezar acariciando los pezones a la vez que se presiona el pubis.
  • Ya en calor, frota con la palma de una mano e inserta tus dedos dentro de la vagina.
  • Mueve tus dedos sobre el clítoris, suave y sin parar.
  • Utiliza lubricante, mójate los dedos con tu fluido vaginal o saliva, haz círculos, masajea con dos dedos hasta que se ponga erecto.
  • Puedes usar un vibrador o consolador, cerca del clítoris, nunca sobre él (aunque en mi humilde opinión es mejor no usar vibrador, ya que después, cuando te la laman, no serás sensible a las caricias suaves).
  • Utiliza el agua para darte placer o súbete a la lavadora.

 

Les deseamos buen viaje a todas las intrépidas que dejarán sus sábanas todas mojadas, mucha suerte en el descubrimiento de nuevas sensaciones que las harán volar, nadar en una cascada y comer pedazos de nubes. Dejen a un lado el tabú y que comience la cuenta regresiva.