Tultitlán, Estado de México. – El pasado sábado 1 de Marzo se llevó a cabo la primera edición de “Acá en el Norte Fest”, uno de los escasos eventos culturales e independientes, que se realizan en la zona norte del Estado de México.

La cita era al medio día pero por cuestiones de los organizadores se retrasó, lo cual me pareció una buena idea ya que la mayoría de las personas siempre deciden llegar un poco tarde a los festivales, ya sea por no estar parado todo el día, no gastar demasiado o simplemente por el hecho de que el desmadre se pone bueno más tarde.

A las 3 de la tarde se dio inicio al festival que nos hizo gritar, bailar, aplaudir y beber con un objetivo en común: divertirnos como locos. Aunque la mayoría del público éramos jóvenes amantes de la música y la fiesta, había niños y señores que en ningún momento se quedaron atrás y se unieron al ambiente que la música ponía.

Durante las primeras horas se dio un espacio a las bandas más nuevas del norte del estado. Se presentaron grupos como Los Hijos de Chunga, Jesus On Dope, Bulling, Los Chicle, Punta Diamante, Acid Alice y Antena Artificial. Lo mejor de todo es que ninguna banda tenía parecido con otra. Entre la presentación de una banda y otra no sabías que podías esperar, hubo una mezcla de géneros, estilos, ritmos y looks.

El ambiente durante esta parte del festival fue muy ameno, la tranquilidad estaba presente pero podías ver que las personas disfrutaban estar ahí. La mayoría de los asistentes se sentaron en el pasto, bebían una cerveza para sosegar un poco el calor. Por un momento la lluvia corrió a los más aburridos que no esperaron ni un minuto para marcharse, aunque la ameneza de mal tiempo se esfumo muy pronto.

Cuando cayó la noche… y un poco de lluvia

Al anochecer llegaron las bandas más esperadas, comenzando con Las Navajas, las chicas vale madre que rockean  con todo el poder que les permite su garganta y los amplificadores de sus instrumentos, dicen groserías, le cantan a la loca de su madre y saben gritar. Definitivamente unas grandes representantes del poder femenino que hecha desmadré y no sólo se ven bonitas.

El funk tuvo su momento con la llegada de los chicos de Soul Sonora, literalmente estos monos nos hicieron bailar, pusieron a todo el mundo de pie. Este grupo es un excelente ensamble, son creativos, son un espectáculo completo tanto  visual como musical… si estuviste en el Festival Acá en  el norte y no moviste la cadera por lo menos dos segundos, seguro tus papás te hicieron sin amor.

El tiempo se desfaso por 30 minutos, sonaron las alarmas de los relojes atemporales de Time, la caja registradora de Money,   las guitarras distorsionadas regresaron como un Tributo a Pink Floyd por parte de la banda Ekos. El ambiente se tranquilizó de nuevo, las personas cantaron canciones que 40 años han estado presentes vagando en el viento que se vuelven tangibles solo cuando se ondulan los brazos de un lado a otro, y se murmura sin pensar.

 Los Músicos de José se resumen en eclecticismo y una ejecución impecable, con un sonido robusto con tintes de funk y sonidos incidentales que le dan un carácter tropical. Los Músicos de José saben hacia donde quieren llevar su sonido y actualmente son de las bandas más prometedoras.

Su presentación en el festival Acá en el norte estuvo marcada por  el buen recibimiento que tuvo su música por parte del  el público, que para esos momentos llevaban se habían cumplido diez horas del festival, y  seguían bailando.

 Otro día había comenzado. Pasaban de las doce de la noche cuando los encargados de cerrar el festival, Paco y Randy de Molotov en su versión DJ Set subieron al escenario. Este es un proyecto que mueve a la gente, que moviliza, pero que obviamente no están ni cerca de los son sus presentaciones con molotov.

Siempre es chingón ver el desenfado con que Paco y Randy asaltan los escenarios, pero esta vez, por como fluyo el Festival hubiera sido respetable que una banda “completa” se llevara el honor de cerrar un evento que quedará como antecedente del primer ejercicio de independencia en un territorio que esta ávido por no ser una copia de lo que sucede en el DF, sino de crear su propia historia.

Texto: Mónica Roldan
Fotografía: Noé Canales