Esperé… No sabía que esperaba O ¿a quién?, eso tampoco lo sabía. Los minutos avanzaban como el ritmo lento del metro y la  cadencia de la gente que lo aborda hacia algún destino; seguí aguardando. 

La desobediencia de #PosMeSalto contra el alza en la tarifa del metro, se planeo para el viernes 13 de diciembre a las 11 de la mañana  en la estación  Buena Vista.El desfilar regular de la gente por la estación solo lo interrumpían las personas que paraban para  comprar un boleto de acceso, que  ese día les costaría  un 66% más.

Tras una encuesta echa por el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera  y por Joel Ortega, Director del sistema de transporte colectivo metro, a un total de 7 mil doscientos usuarios ( muestra nada representativa del total de personas que utilizan el metro) el alza fue aprobada.
El alza al boleto del metro es el menor de los males, pero evidencia la manipulación de datos y estadísticas de una manera descarada.Esta fue la pregunta que se realizó para justificar el alza en el metro, rebuscada y engañosa y a la que cualquier incauto contestaría con un –si- inmediato.  “Si el costo del Metro fuera de cinco pesos y con estos dos pesos adicionales el gobierno del Distrito Federal se compromete a no aumentar más la tarifa en el sexenio, a poner más trenes en servicio y darles un buen mantenimiento a fin de que se reduzcan las aglomeraciones, los tiempos de espera, los retrasos en el servicio y se pueda viajar con ventilación y seguridad, ¿estaría dispuesto a pagar cinco pesos?”

Antes todas esas ventajas, como decir -No-. Pero esta pregunta es solo eso, una pregunta y no una afirmación, ni un compromiso, solo palabras vanas de un  discurso político caduco y viejo.

Yo seguí aguardando.

Esperé que en algún momento aparecieran mantas, megáfonos,  gritos, consignas y actos de desobediencia, como se tenía planeado. Nada apareció.

Una pregunta cambió el propósito del día.  – ¿Eres de las personas que van saltar el torniquete? de ser un espectador y testigo, pase a ser de los que organizaron un episodio de desobediencia.

Estúpidamente respondí  –Sí-. Si, estaba para saltarme el torniquete cuando  un chingo de cabrones lo hicieran conmigo, si, estaba para fotografiar a los que se saltaran, se agacharan o pasaran de ladito para evadir el torniquete. Nunca planee convertirme en el que gritara, alentara a la gente a la desobediencia pacifica y fuera el primero en saltarse el torniquete.

Nadie sabe como desobedecer.

De miles de personas que ese día transitaron por la estación del metro Buena Vista,  solo 4 estuvimos en desacuerdo con los últimos actos de corrupción que ha escenificado el poder en los últimos meses.  Se alentó a las personas a evadir un simple trozo de fierro que obstruye un camino, las personas no están preparadas para desobedecer, la idea aun les aterra, las consecuencias los detienen, los estigmas siguen frenando un libre albedrío. La mayoría de gente pagó su boleto, mientras aguardaba en la fila de la taquilla, escuchaban acerca de la reforma energética y sus consecuencias, de la criminalización de las protestas ciudadanas y la corrupción rampante en el metro.

– Si los detiene la policía solo paguen su boleto y se acabo el problema, no tienen porque consignarlos- fue la primera recomendación que recibí. -Soy abogado, si los detienen yo los asesoro- fueron de las pocas palabras que intercambie con las 3 personas que por una hora compartieron un ideal conmigo.  Sus nombres los desconozco; me gustaría creer que por un corto periodo de tiempo la individualidad se esfumó para dar paso a una comunión en la que los ideales fueron compartidos y defendidos, por más estúpida que pareciera la manifestación.
Texto y Fotografía: Noé Canales