La organización del evento fue un reverendo desmadre aunque la pase de huevos.
Juan Cirerol estaba programado para las 9:00 pm del día Sábado en el escenario Tempus Libertad, terminó tocando por ahí de la 12:00 am del Domingo en el escenario Tempus Picacho.

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Llegué al escenario y Juan Cirerol ya estaba afinando. Desde atrás le gritaban “ya toca Juan” sutilmente contestó “¿qué no ves que esta desafinada?” en tono de burla, en ese momento empezó el mero desmadre y la interacción entre Juan y el público, era puro cotorreo. Su público lo admira y a la vez le tira mierda. “Juan, vete a la verga” -gritó un integrante del público- Cirerol entre albures y chistes hace pensar lo mismo: ama y odia a sus seguidores “¡Sumo hasta no verla! ¡Ja! Te chingué, vete a la verga” -contestó-

-“Una chelita, con clamato, por favor” -le pedía Cirerol a la organización. No había, pero su whiskey con red bull no faltó. Me acerqué, apuntándolo con la lente de mi cámara esperando que hiciera algo.  Volteó a verme y me dijo -“¡Hola!” -sacudiendo la mano-

El humor de Juan Cirerol en el escenario siempre ha sido el mismo: toca, hecha desmadre, se hace el gracioso, te alburea, bebe y fuma marihuana.

Cirerol: -“Hola nosotros somos adicción y esta canción se llama adicción. Ay si no, su rola se llama igual que ellos” haciendo burla a todas esas bandillas rockeras que nombran a sus canciones como se llaman ellos.

El sonido de su guitarra, acompañado de su armónica y el fuerte zapatazo de su botín al escenario, hacía bailar a una que otra pareja de su alrededor. Sus narcocorridos se complementaban con la expresión que tenía en la cara: ojos y muecas que expresaban tristes, enojo y soledad.

Estaba a punto de empezar con la siguiente canción cuando una de sus cuerdas trono -los percances nunca faltan- “¿Que pedo, la cambio?” Preguntó Cirerol “Si Juan” contestó el publico “¡Cámara, pónganse a chupar!”. Le tomo unos 10 minutos, cambiar la cuerda, lo que hizo que algunos del público se fueran.

Prendía un delicado, le fumaba tres veces, lo acomodaba en su guitarra y mientras cantaba éste se consumía; así le hizo como con unos 5 cigarros hasta que se le acabaron. Después de acabarse esa cajetilla de Delicados de 14, le pedía al público un cigarrito regalado. En su desmadre también perdió su encendedor y yo terminé prestándole uno -el cual terminó en la bolsa de su pantalón-

-¿Alguien tiene por ahí un churrito de mota? ¿No, nadie? Bueno- Y siguió tocando, se acercó uno de sus compañeros, quien le ofreció un toque.

Alguno de los organizadores se acercó a decirle que enseguida le llevaba su botella y cumplió sus palabras, como a los 20 minutos regresó y le dio un tequila “José Cuervo” -el que posterior nos regalaría porque “le caga esa madre”-

El talento de Juan Cirerol es indudable pero la actitud con la que llega al escenario es lo que lo diferencia de los demás.

Entre canción y canción bailaba sin pararse de su banco, pasando la mano por su cabello al estilo Elvis Presley… “Chiken in the box, box in the chiken.. Burguer king, burguer king” beat boxeaba en el micrófono.

Cada tres canciones se despedía y ya para la tercera vez que lo hizo, se parecía a Pedro del cuento de “Pedro y el Lobo” (¡Jaja!). Antes de echarse alguna de “sus últimas canciones” pidió “lighter”, yo me acerque y le preste mi encendedor, le di su tiempo esperando que lo prendiera y me lo regresara, pero ese Juan se embolsó mi encendedor (era un encendedor, no pasa nada).

Finalmente tocó la última canción y lo esperamos hasta que se bajo del escenario. Después de un par de fotos con el, seguiríamos la fiesta pero después de pasar al baño -ahí fue cuando me disparó la entrada a orinar-.

-¿No tiene una torta de huevo con chorizo? – Le preguntaba al güey que cobraba en los baños. Caminamos hacia la Carpa Maceira, donde se escuchaba puro ritmo. Llegamos ahí y toda la banda se acercaba a saludarlo, se fue adentrando en el desmadre hasta que lo perdimos, aunque supongo que la paso poca madre, seguro se divirtió.

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Fotos por: Gabo Mendieta y Noe Canales
Texto por: Jaqueline Mendieta