Colaborar con Montclova fue regresar a hacer ruido en casa, a grabar sesiones acústicas con músicos que nos gusta  lo que están haciendo.

Esta grabación me supo como si fuera la primera vez. ¿Por qué chingados?. Las razones son simples

1.- Lo dejamos de hacer por algún tiempo, pero no nos crean tan pendejos-, porque no olvidamos lo que bien aprendimos y nos salió a la primera (el profesionalismo de Montclova ayudó bastante)

2.-Esta vez volvimos a experimentar -como lo hicimos aquella primera vez con Deleone– porque no iba a ser exactamente lo que conocemos como una sesión en acústico, esta vez iba a ser un poco diferente, más estruendoso.

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A Montclova la vimos en un punto intermedio para irnos a nuestro tugurio favorito, el estudio Musicare. Cuando llegamos y mientras ellos se instalaban, nosotros observábamos la sala con atención pensando -¿cómo chingados acomodaremos esta vez?-, pues nos las ingeniamos, acomodamos, verificamos los tiros de la cámara y le dimos a las rolas sin corte… duro y a la cabeza.

La propuesta de Montclova es bastante interesante y les aseguro que valió la pena cada centímetro cuadrado del estudio que fue invadido por todo su equipo. Las pedaleras salieron tan sutilmente como un labial rojo carmesí para retocar el maquillaje, ordenadas, listas de con colores pastel. Montclova tomó su lugar detrás de su guitarra, del micrófono y de las pedaleras. Parada junto al pedestal, luego de acomodar el ala del sombrero, alinear la Ak- 47 sobre el pecho y colocar una cajetilla de Marlboro Light que sirvió de apoyo para el iPod que contenía pistas de batería la sesión inició.

-¿Ya están listos? – ¡Listos!- ¡Acción! El momento más impactante estaba a punto de empezar. Le puso play a su iPod y sus manos no pararon de temblar; eso no fue un impedimento, derrochó energía, tocó la guitarra tan bien como ella lo sabe hacer e hizo retumbar todo el estudio . Cuando su voz por fin se asomó, desató la furia que complementa toda la pasión desenfrenada que Montclova tira con fuerza. Me quedé anonadada de escucharla por primera vez en vivo, fue como una toxina que pruebas por primera vez y al estar en contacto con tu cuerpo y ver la química que hacen juntos, ya no la puedes dejar.

No cabe duda que las mujeres también tenemos huevos, el talento de Montclova se hizo para escucharlo hasta el punto máximo de volumen. Y aunque esto no tiene ni pestañas de acústico, me deja un exquisito sabor a cigarro y alcohol barato en la boca.